EL RACISTA CONVICTO Y CONFESO
Hay, en la fauna de la prensa nacional, un personajillo impresentable llamado ANDRES BEDOYA UGARTECHE que, hace rato, está pidiendo no uno, sino una batahola de libelos en su contra. Este viejecito amargado y repulsivo critica a todo y a todos, y ahora último ha vuelto a hacer gala de su nauseabundo racismo.
Esta es la columna de Bedoya que apareció en Correo el 6 de enero del 2005 (advierto que, en el mejor de los casos, producirá arcadas):
Humalientos, humaladas y animaladas
La Ortiga
Por: Bedoya Ugarteche Andrés
La pobrediablada etnocacerista es –¿puede caber alguna duda?– un amorfo aborto fruto de la cópula entre la ignorancia y la estupidez. El etnocacerismo es el fondo mismo del pozo de la imbecilidad y del cretinismo. Y, para colmo de la concha, son racistas. Y todos sabemos que el racismo es la forma más abyecta de manifestación del complejo de inferioridad.
Muy bien, si esos pobres diablos se adjudican el derecho a ser racistas, yo también puedo serlo: ¿saben qué, indios de mierda? Ustedes no tienen complejo de inferioridad, ustedes SON inferiores. Y son inferiores porque son quechuas y aymaras. Recuerden que los nazis consideraban a los judíos como “raza inferior” y... ¿saben qué? para ellos los latinoamericanos eran una “subespecie”. En otras palabras, menos que humanos: antropoides, primates. Mussolini solía decir que gobernar a los países latinoamericanos “non e dificile, e inutile”, ¡y cuánta razón tuvo! Lo demostramos todos los días... con excepción de Chile (es que los chilenos son “blancos”, pues). La estúpida “nación aymara” está combatiendo a “los españoles” ¿Habrán querido decir “blancos”? Vaya usted a saber lo que puede producir un seudocerebro indígena. ¿Cuáles son los países más cagados de Sudamérica? Los tres que tienen indios, pues: Ecuador, Perú y Bolivia. ¿Qué tal, aymaras de mierda? ¿Les gustó mi racismo?
Los dos humalas (así, con minúscula, por ser subhumanos) son el prototipo del milico “cabeza cuadrada”, incapaces de la operación más sencilla que se enseña en la Escuela Militar de Chorrillos, como es un elemental Golpe de Estado. Con Salinas Sedó resultaron los últimos de la clase.
Y hay que ver cómo se les llena la boca a nuestros actuales gobernantes para calificar a antauro (así, con minuscula): ¡Horror! ¡Delincuentes! ¡Sedición! Claro que sí, esos mismos desmadrados que infestan el Congreso y el Palacio de Gobierno y que callaron en cinco idiomas cuando Ollanta cometió su oligofrénico desaguisado en Moquegua... antes de ser enviado a Francia como “agregado militar”. Como diría mi tía Angustias, “¡No, si sooooon...!”.
Pero no te preocupes, antaurito. Cuando este gobierno llegue a su fin y el próximo se dedique a “juzgar” a los actuales corruptos, ese día saldrás de la cárcel y quizá te nombren embajador en Washington. Y es que no hay ninguna posibilidad de que el próximo gobierno sea menos idiota que éste... sobre todo si entra la criminal secta aprista... o los babosos tetelemeques de Paniagüita. Al fin de la historia, lo mismo da, ¡qué carajo!
¿No será tiempo de que la Sagrada Familia y los coliformes fecales del Gran Pozo Séptico vayan viendo dónde y cuándo van a “pasar a la clandestinidad?
Hasta más vernos.
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Este obtuso, ha querido poner el parche en su último ¿artículo? y ha tenido la concha de negar que él sea "racista". ¿No lo creen? Lean a este pobre diablo:
Racismo
La Ortiga
Por: Bedoya Ugarteche Andrés
Mi artículo de la semana pasada sobre las humaladas y animaladas ha hecho arder Troya. He recibido veintenas de correos electrónicos. Pocos han llegado a entender mis verdaderas intenciones y me han adjetivado de “racista”. No pudieron estar más equivocados. Me limité a colocar, en blanco y negro, todos esos insultos estúpidos que los verdaderos racistas acomplejados (valga la redundancia) utilizan a diario en su conversación diaria. No soy ni más ni menos racista que el común de los peruanos. No podría serlo. Por mis venas circula sangre española, collagua, judía, árabe y alemana... y ninguna de ellas tiene mayoría genética absoluta. ¿Por cuál me inclinaría? Para mestizos, este pechito.
El etnocentrismo –o racismo–, tal como lo escribe el fallecido astrónomo y filósofo Carl Sagan, es la idea de que nuestro pequeño grupo o raza o país, no interesa cuál ni de qué color sea, es mejor que cualquier otro. Esta irracionalidad va de la mano con la xenofobia, es decir, la filosofía de “disparar primero y preguntar después” ante la presencia de extranjeros a quienes, obviamente, tememos y odiamos.
Estas ideas locas están fuertemente impresas en nuestro “disco duro” desde las eras de las cavernas... y no se limitan a los seres humanos. Nuestros primos los monos se comportan de la misma forma, al igual que muchos otros mamíferos, y hasta las aves e insectos. ¿No han oído hablar de la “gallina en corral ajeno”? Y no hay abeja que sobreviva si se atreve a visitar panales “extranjeros”. Así, en mayor o menor grado, todos somos etnocentristas por instinto, y todos debemos tratar de dominar a nuestros instintos.
Y a pesar de todo, y a pesar de nuestra inteligencia, el etnocentrismo ha dado lugar a la creencia en “tierras santas”, en “pueblos escogidos”, en “razas supremas” y en eso de que “Cusco” quiere decir “ombligo del mundo”. ¿No lo ven? El etnocentrismo ha sido el primer asesino de la historia... después de las religiones.
Y un remedo ridículo son los Humalas y sus “etnocaceristas pro cobrizos”.
En todo caso, de todos quienes me han dicho vela verde, que aquel que tenga el alma libre de pecado, que tire la primera piedra. Aquel que nunca utilizó la frase “indio ‘e mierda” o aquel otro que, al hablar de un profesional excelente, te redondea la descripción diciendo que “es un cholito que no das medio por él”.
Sí pues. Todos estamos dispuestos a decirle “hermano” al indio o al negro, pero... ¿cuñado?, ¿yerno? ¡Pipí! ¿Me equivoco?
Hasta más vernos.
La Ortiga
Por: Bedoya Ugarteche Andrés
Mi artículo de la semana pasada sobre las humaladas y animaladas ha hecho arder Troya. He recibido veintenas de correos electrónicos. Pocos han llegado a entender mis verdaderas intenciones y me han adjetivado de “racista”. No pudieron estar más equivocados. Me limité a colocar, en blanco y negro, todos esos insultos estúpidos que los verdaderos racistas acomplejados (valga la redundancia) utilizan a diario en su conversación diaria. No soy ni más ni menos racista que el común de los peruanos. No podría serlo. Por mis venas circula sangre española, collagua, judía, árabe y alemana... y ninguna de ellas tiene mayoría genética absoluta. ¿Por cuál me inclinaría? Para mestizos, este pechito.
El etnocentrismo –o racismo–, tal como lo escribe el fallecido astrónomo y filósofo Carl Sagan, es la idea de que nuestro pequeño grupo o raza o país, no interesa cuál ni de qué color sea, es mejor que cualquier otro. Esta irracionalidad va de la mano con la xenofobia, es decir, la filosofía de “disparar primero y preguntar después” ante la presencia de extranjeros a quienes, obviamente, tememos y odiamos.
Estas ideas locas están fuertemente impresas en nuestro “disco duro” desde las eras de las cavernas... y no se limitan a los seres humanos. Nuestros primos los monos se comportan de la misma forma, al igual que muchos otros mamíferos, y hasta las aves e insectos. ¿No han oído hablar de la “gallina en corral ajeno”? Y no hay abeja que sobreviva si se atreve a visitar panales “extranjeros”. Así, en mayor o menor grado, todos somos etnocentristas por instinto, y todos debemos tratar de dominar a nuestros instintos.
Y a pesar de todo, y a pesar de nuestra inteligencia, el etnocentrismo ha dado lugar a la creencia en “tierras santas”, en “pueblos escogidos”, en “razas supremas” y en eso de que “Cusco” quiere decir “ombligo del mundo”. ¿No lo ven? El etnocentrismo ha sido el primer asesino de la historia... después de las religiones.
Y un remedo ridículo son los Humalas y sus “etnocaceristas pro cobrizos”.
En todo caso, de todos quienes me han dicho vela verde, que aquel que tenga el alma libre de pecado, que tire la primera piedra. Aquel que nunca utilizó la frase “indio ‘e mierda” o aquel otro que, al hablar de un profesional excelente, te redondea la descripción diciendo que “es un cholito que no das medio por él”.
Sí pues. Todos estamos dispuestos a decirle “hermano” al indio o al negro, pero... ¿cuñado?, ¿yerno? ¡Pipí! ¿Me equivoco?
Hasta más vernos.
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BUENO, PARA QUE A NADIE LE QUEPA LA MENOR DUDA DE QUE ESTE SUJETO ES UN RACISTA DESCARADO REPRODUZCO UNA DE SUS MAS HEDIONDAS COLUMNAS (PUES EN SU HABER TIENE VARIAS). CON ESTO PODREMOS APRECIAR LO QUE ELUCUBRA LA MATERIA GRIS DE ESTE AUTENTICO MAMARRACHO. AMIGOS DEL DIARIO CORREO, ¿QUE NOS PASA? ¿A ESE TIPO DE SEUDO-ARTICULISTAS CONTRATAN EN SU MEDIO?
(PIDO, A NOMBRE DE LOS AREQUIPEÑOS PENSANTES, DISCULPAS POR LO QUE LA TESTA PRIMITIVA DE BEDOYA PUEDE EVACUAR).
¡Arequipa vergüenza!
La Ortiga
Por: Bedoya Ugarteche Andrés
Publicado el: jueves, 21 de agosto de 2003
Ante todo, debo declarar que soy arequipeño, esto es, que nací en Arequipa hace un chupo de años. Bueno, si yo existo como “arequipeño” estoy, como muchos otros, “en el aire”, porque Arequipa no existe. Arequipa no es más.
Me explico.
Arequipa, como toda ciudad, es un conjunto de edificios habitados por seres humanos. Si estos últimos desaparecen, ya la ciudad deja de ser tal. Si los arequipeños desaparecen de Arequipa, Arequipa deja de ser Arequipa. Y es exactamente lo que ha ocurrido.
Mi cuento va al último “callejonazo” (que diría César Hildebrandt) en el que el presidente de la República recibió de todo, desde insultos hasta basura y huevos podridos. Todo este desaguisado tuvo como organizador a un grupúsculo de sujetos que son cualquier cosa, excepto arequipeños. La mayor parte de ellos “chancan” el español con las rejustas y fueron los mismos de la asonada, el motincillo que hubo a raíz de la frustrada privatización de Egasa, escándalo que sumió a la ciudad en manos del hampa y la hizo retroceder veinte años en su estancado desarrollo.
Como decía, en Arequipa ya no hay arequipeños, salvo “unos cuantitos” que ya no suenan ni truenan. Los cargos de autoridad han sido copados, en su mayor parte, por personajes “recién bajaditos” y elegidos, en algunos casos, por los actuales habitantes del valle del Chili, los neoarequipeños, los peruprofundeños, que nos han traído —además de su “cultura milenaria”, su qepe y su “frezada”— el afán maniático por convertir una bella y blanca ciudad en una verdadera pocilga.
No han sido arequipeños quienes faltaron el respeto al jefe de Estado. Los arequipeños somos elegantes, somos dignos y somos íntegros. Nuestra incapacidad por desarrollar una “cholada” es la misma que nos hace huir de las polladas y las fritanguitas.
Pero ahí están los refugiados malvenidos, los que se la pasan clamando por “¡ayoda!”, los que han convertido al Perú un monte de piedad, en un asilo, en una beneficencia a costa de los que sí producen y trabajan. También está —como primer organizador de todo lo violento— el inefable FACA, el Frente Amplio y Cívico de Arequipa, propiedad exclusiva de los sindicatos comunistas y que no representa a nadie. Es simplemente una superestructura sindical dedicada exclusivamente a la destrucción del capital y de toda posibilidad de progreso y desarrollo.
No pediré disculpas a Toledo. Arequipa —la que no existe más— no fue, ni pudo ser, la ofensora. Ese acto de brutalidad sólo vino de los invasores neandertales, de esa metástasis de la edad de piedra que produce sujetos como esos que gritan “¡istuy trabajandu, cunchitumadre!”. Así estamos.
Hasta más vernos.
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¿QUÉ OPINAN? A ESE MISERABLE YO NO LO QUISIERA VER (NI LEER, POR SUPUESTO) NUNCA MAS EN MI VIDA. LOS DEL DIARIO CORREO TIENEN LA ÚLTIMA PALABRA...

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